Puede que las idas y venidas les resulten fáciles, entretenidas, e incluso despiadadamente divertidas.
Es muy sencillo, porque a pesar del vaivén, nosotras seguimos ancladas al suelo.. como si una fuerza inexplicable solo nos permitiera mover ligera e inserviblemente la cabeza. Continuamente. En el mismo lugar. El de siempre.
Pero creedme, nada permanece tanto tiempo... Cualquier mañana primaveralmente soleada nos despertaremos sorprendidas al comprobar, que nuestros pies se desplazan con ligereza y nada los aprisiona.
Ese día, seremos capaces de irnos y, a diferencia de la incesante marea...ya no volveremos nunca más.
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