domingo, 5 de junio de 2011

Todo fluye cuando se moja la arena.

Hubo una vez una chica. De las que se tornan moreno tizón los días de verano y consiguen quitar el hipo.
Pero no me malinterpretéis, pues no era la típica. A mi parecer tenía una belleza exótica de estas que es necesario que veas, por la imposibilidad de hacerlo entender con palabras.
Hacía cosas extrañas como pintar piedras cuando no tenía otra cosa que hacer, o crear mil mejunjes culinarios con cualquier salsa existente.
No sabéis de qué manera devoraba las chucherías(de pequeña me impresionaban sus tácticas para hacerse con las tres cuartas partes de la piñata de mi cumpleaños), ni lo incansable que era cuando de dar paseos por la playa las tardes melancólicas se tratase. Y yo adoraba los días de incesantes carcajadas.
Ambas sabemos que la magia recorría sus venas de vez en cuando, y podéis estar seguros de que las sigue recorriendo...

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