Podríais pensar que la quiero porque siempre que acecho la cocina de su casa me está esperando con un muffin de chocolate en la mano y en la otra una temporada cualquiera de la mejor serie del planeta tierra.
Incluso también porque nos gusta jugar a superar limites insospechados en cuanto a lo que ser frikis se refiere.
Seriais capaces de creer que se debe a que,según dicen, es igual de vaga que yo. Y se os podría remotamente ocurrir que nos unió el hecho de tocar un violín y un piano cualquiera.
Lo que no sabéis es que yo os podría contar mil historias y probablemente os parecerían aburridas, incluso podríais no tener la paciencia suficiente como para dejarme terminarlas. Pero ella sabría escuchar hasta cada uno de mis balbuceos en mis intentos por explicarme, y creedme que los entendería.
Os reiríais cuando me vierais constantemente ausente al creer que no me doy cuenta de mi realidad inmediata. Pero ella comprendería las mil realidades que están cruzando mi mente a cada instante.
Hasta os hartaríais de ver tantas veces mi cara triste. Pero pocas personas como ella sabrían qué necesito para que mis ojos consiguieran reir.
La quiero, sin duda, porque es uno de los tesoros más valiosos que he encontrado en estos veinte años.
Y por supuesto, porque algún día conseguiremos desempolvar la funda del violín y la tapa del piano.
¡Felices 20, amiga! Felices sobretodo.
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